Pequeños cambios que hacen la diferencia

18 de octubre de 2017

Un hombre se levanta temprano y, como todos los días, arranca su jornada metiéndose a bañar, al salir de la ducha se viste y deja olvidado en su tocador el anillo de matrimonio que ha usado durante años y de manera ininterrumpida, aún tras la repentina muerte de su esposa. La escena por simple e intrascendente que pueda parecer, delata un cambio profundo en la mente y las emociones de este hombre, que a partir del dolor de perder a su esposa decidió hacer un cambio rotundo en su vida, dejó atrás una brillante carrera como neurocirujano para dedicarse a cuidar a los hijos que había criado de manera casi exclusiva su mujer.

Este relato es el recuerdo de un programa de tele que hace algunos años me ilustró la forma en que los seres humanos vamos generando pequeños cambios, a veces casi imperceptibles, que dan cuenta de procesos complejos que atravesamos en la vida. No quiere decir que tengamos que olvidarnos de una cosa, o que esos cambios no puedan ocurrir de manera consciente y voluntaria, pero si se refiere a que las grandes batallas las vamos ganando poco a poco con pequeños detalles que muchas veces se esconden en la cotidianeidad de nuestras vidas. Nadie alcanza la victoria en un solo día, no llegamos a nuestros destinos de un solo salto, ni abarcamos el terreno que tenemos que ganarnos a nosotros mismos y a nuestro carácter en un único instante de reflexión. Las metas se van alcanzando gradualmente y, con el esfuerzo de todos los días, se van acumulando pieza tras pieza pequeños cambios que marcan la diferencia.

Pero ninguna historia humana está exenta de tropiezos, dificultades y momentos amargos. El mismo relato del neurocirujano experto es el del padre ignorante, sin embargo tras numerosas dificultades que atraviesa en su convicción de forjar una relación cercana con sus hijos, y de aprovechar el tiempo de vida que le brinda su presente, logra dar un giro hasta concebirse a sí mismo, no como un padre perfecto pero si como un padre en toda la extensión de la palabra, alguien que acompaña con paciencia, que escucha de manera comprensiva y que en su momento sugiere o aconseja respetando la libertad e individualidad que van conquistando sus hijos.

De la misma manera que el embrión de un feto va creciendo gradualmente a lo largo de 9 meses, todos los seres humanos atravesamos procesos de cambios, y muchas veces necesitamos el cobijo y la compañía aseguradora de aquellos que nos rodean. Requerimos un espacio donde resarcirnos de la batalla de nuestra vida, un lugar para sanearnos, una compañía que nos oriente, una mirada que nos observe capaces de hacernos cargo de nosotros mismos.

Quizá sea momento de olvidar “voluntariamente” los anillos que nos atan al pasado, posiblemente la ligereza de nuestro descuido nos delate que ya es tiempo de realizar nuevos compromisos con nosotros mismos y con las posibilidades que se esconden en el día que tenemos por delante.

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Imagen de Odoo y bloque de texto

Escrito por: Allan J. Hernández Ceron

“Allan Hernández, psicólogo y psicoterapeuta, siempre interesado en la transmisión de la importancia que tienen las emociones y los pensamientos para llevar una vida saludable, tanto dentro como fuera de uno mismo. En VIME procura conjugar este deseo con la psicoterapia.”