Cuando te decides a comenzar un régimen para bajar de peso, es esperado que te vuelvas más consciente de tus hábitos alimenticios. Con bastante frecuencia ocurre que te percatas de la tendencia a comer para satisfacer el hambre emocional, por ejemplo, si asaltas la alacena o el refrigerador, o bien vas a la tienda más cercana a ver qué compras para picar cuando te sientes aburrido, cuando tienes ansiedad o al estar triste o enojado, estás usando la comida para contrarrestar tales estados internos

Por lo tanto, es preciso entender que detrás de un impulso irresistible por comer, se encuentra el hambre emocional, un estado psíquico que no estamos pudiendo pensar, entender y procesar, de modo que la comida permite el acceso a una gratificación inmediata, pero efímera, que te aleja de contactar con lo que te ocurre psíquicamente.

Decimos que hemos actuado impulsivamente cuando nos precipitamos a la acción, sin que medie la reflexión, conduciendo por lo general a un resultado que no es benéfico a mediano o largo plazo. La conducta impulsiva genera culpa y arrepentimiento, además de que, al ser reiterada, alimenta la convicción de que es muy difícil cambiar o acceder a algo distinto.

De manera que la próxima vez que te encuentres frente a esta situación y sientas que es muy difícil contener el impulso por comer, es necesario hacer algo distinto a lo que ocurre siempre, generar movimiento para cambiar el resultado. Para ello el primer paso es tolerar el estado emocional, lo cual puede parecer una tarea titánica, aunque en realidad, como parte de nuestro desarrollo hacia la madurez, vamos aprendiendo a postergar las satisfacciones. Por ejemplo, desde muy pequeños aprendemos que por muchas ganas que tengamos de que lleguen las vacaciones, tenemos que esperar a que los tiempos se cumplan.

Para resistir es necesario recurrir a una estructura que nos brinde contención. Ésta puede ser externa, por ejemplo, frente a la ansiedad por comer podemos recurrir a una persona cercana que nos brinde su apoyo y nos motive, o bien podemos buscar un cambio de escenario, si estamos en la oficina o en la casa, salir a caminar un poco, o hacer una actividad distinta.

Una estructura de contención interna se edifica a partir de los recursos intelectuales y emocionales con que cuenta cada persona. Lo importante en este caso es que brinde la posibilidad de construir un puente que separe el impulso de la acción. Cuando nos precipitamos el deseo o ansia por algo conduce en forma automática a actuar, ya sea comer un alimento alto en azúcar o grasa, o de otras formas, como comprar algo sin reflexionar o llamar a una expareja.

Cuando nos detenemos a reflexionar acerca de eso que nos sentimos tan impulsados a hacer, estamos transitando ese puente. Se trata de un esfuerzo y una actividad mental, usando la imaginación para plantearnos los posibles escenarios que pueden resultar si nos dejamos llevar por el impulso del momento, haciendo una introspección para analizar qué motivaciones pueden estar más allá de lo que parece evidente o consciente.

El solo hecho de hacer este trabajo psíquico, ya nos coloca en otra posición respecto al acto impulsivo; el esfuerzo de ponernos a analizar lo que ocurre en nuestro mundo interno, lo que nos preocupa y entusiasma, cuestionarnos acerca de lo que nos genera conflicto, de nuestras carencias y vacíos, etc., pone freno a la acción.

No es necesario dar en ese momento con la respuesta precisa de lo que nos ocurre, pues las emociones son complejas y seguramente la solución no es simple. Al no pasar directamente a la acción y generar este movimiento interno, estás haciendo algo distinto; el espacio que te ofrece la terapia de apoyo, te ayudará a profundizar en lo que puedas identificar en tales momentos, a fin de lograr un mayor auto conocimiento.

Conviene señalar que no se trata de un cambio que ocurre de una vez y para siempre, como pasar a otro canal el televisor o apagar un interruptor. Se trata de un trabajo constante con nuestras emociones, a fin de evitar repetir patrones que a la larga resultan dañinos para nuestra salud y que nos impiden sentirnos mejor física y emocionalmente.

 

Imagen de Odoo y bloque de texto

Escrito por: Rosa María Buendía

Con quince años de experiencia en psicoterapia, está interesada en aplicar el psicoanálisis para ayudar a los pacientes a conocerse mejor, a comprender sus emociones y a mejorar sus vínculos.