Cuando confundimos el placer con el dolor.

9 de julio de 2018


"Las emociones inexpresadas nunca mueren, son enterradas vivas y salen más tarde de peores formas". -Sigmund Freud

Es bien sabido que la comida ayuda a sentirse mejor, ayuda a cubrir todo aquello que no nos gusta, que nos da un mal sabor de boca, entonces podemos partir de la premisa que el comer la mayoría de las veces está asociado a sensaciones agradables tan simples como la saciedad y emociones complejas como el sentirse contentos, felices; sin embargo, muchas veces subyacen significados secundarios asociados a la comida, a los proceso de preparación, incluso su presentación y el propio ejercicio de comer, por ejemplo: la comida sabe mejor estando acompañados ya que nos es difícil comer solos, esto podría indicar la dificultad de estar con uno mismo.

En el argot mexicano existe la frase las penas con pan son menos, en otras palabras, solemos aminorar, ocultar el sufrimiento, dolor, malestar psíquico con la comida. Hay fenómenos que pasan desapercibidos ante la conciencia como son la culpa, la frustración, la perdida, entre otros, los cuales generan dolor, desesperación, incluso podemos pensar en ansiedad y angustia, las cuales, al no poder ser verbalizadas debido a lo doloroso que es enfrentarse con uno mismo, solemos compensarlo con la comida, asociado la comida con una idea de bienestar, evasión y goce.

En consecuencia, la comida comienza adquirir un valor cada vez más relevante provocando que los ritmos, frecuencias, cantidades se incrementen o disminuyan para subsanar la necesidad no resuelta; la necesidad de evadir el dolor. Con esto podemos pensar como el placer suele ser confundido con el dolor, por ejemplo: en el cuerpo, el dolor se expresa en la espalda, en las piernas, pies etc. Y a pesar de sentirlo, una parte de la mente se aferra a negar que algo está pasando y comiendo o restringiéndola el dolor desaparece, sin embargo el cuerpo sigue sufriendo y la mente también cuando al mirarse al espejo ya no da una sensación de bienestar sino más bien una sensación de confusión, de no reconocimiento, frustración y esto genera dolor, por lo cual podemos observar cómo se vuelve un círculo vicioso donde al final el dolor se disfraza de una sensación de placer insatisfecha, que se expresa en los hábitos desenfrenados del comer, donde el detenerse no es una opción porque lo que se busca es retornar a la satisfacción momentánea.

Como se mencionó anteriormente, la comida no siempre está asociada a emociones positivas, sino también a emociones negativas como la autodestrucción, por ello el trabajo en los procesos de alimentación deben de trabajarse en conjunto, porque no es suficiente o no basta con regularizar las cantidades de la alimentación, sino también es importante trabajar la parte emocional, para poder entender la relación que existe entre la comida y uno mismo, para así poder romper ese círculo vicioso y cambiar de fondo los malos hábitos alimenticios.

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Escrito por: Teresa Paniagua