Moldeando el esqueleto: El ejercicio como arquitecto de tus huesos
21 febrero, 2025 por
L.F. Jorge Pérez
El hueso es uno de los tejidos más impresionantes del cuerpo humano. Sin embargo, cuando nos ejercitamos y el cuerpo se adapta al ejercicio, probablemente no pensamos en los huesos. Generalmente, al hablar de ejercicio, se nos viene a la mente el músculo, la grasa, el corazón o el sistema cardiovascular.

Pero, ¿cómo afecta el ejercicio a nuestros huesos? ¿De qué manera el tejido óseo se modifica y se adapta al ejercicio?

Un ejemplo interesante ocurre con los astronautas. Cuando regresan del espacio y son examinados, se descubre que su densidad ósea disminuyó hasta un 20% en ciertos casos. Este dato resulta alarmante, ya que antes de partir se encontraban en excelente condición física. Esta situación nos enseña algo fundamental sobre nuestro tejido óseo: este se adapta al estrés que se le impone.

El ejercicio y la actividad física son esenciales para mantener e incrementar la densidad ósea. El hueso se adapta cambiando su forma y su estructura interna. Este tejido está compuesto por dos tipos principales:

1. Tejido compacto: Es la parte exterior del hueso.

2. Tejido esponjoso: Se encuentra en el interior del hueso compacto y está formado por trabéculas, de ahí que también se le conozca como hueso trabecular. La estructura de las trabéculas se alinea según las líneas de estrés que recibe el hueso.

El tejido óseo también se compone de dos sustancias que facilitan su adaptación:

Sustancia inorgánica: Llamada hidroxiapatita, está compuesta mayormente por calcio y fosfato. Es la responsable de darle dureza y resistencia al hueso.

Sustancia orgánica: Principalmente colágeno, que se relaciona con la hidroxiapatita. Las fibras de colágeno actúan como cadenas que resisten la tensión y evitan que el hueso se separe fácilmente.

Los ejercicios como correr y saltar generan fuerzas de compresión sobre los huesos. Por otro lado, los ejercicios de fuerza, como el levantamiento de pesas, generan fuerzas de tensión sobre ellos. Ambos tipos de ejercicios (cardiovasculares y de fuerza) estimulan el hueso mediante fuerzas compresivas y tensiles. Estos estímulos son clave para su fortalecimiento.  

Cabe destacar que el hueso está en constante remodelación gracias a la acción de dos tipos de células:

Osteoblastos: Se encargan de producir y depositar nuevo tejido óseo, preparando la matriz de colágeno e hidroxiapatita para la formación del hueso.

Osteoclastos: Son los responsables de romper y reabsorber el tejido óseo antiguo.

Cuando te ejercitas, los niveles de osteoblastos aumentan, lo que favorece el incremento de la densidad ósea. En cambio, si llevas una vida sedentaria, como un astronauta en el espacio que no recibe estímulos de compresión y tensión sobre sus huesos, los osteoclastos superan a los osteoblastos, lo que provoca la disminución de la densidad ósea.

En conclusión, el ejercicio qué realizamos en VIME no solo fortalece nuestros músculos y mejora el sistema cardiovascular, sino que también es vital para la salud de nuestros huesos. Los especialistas de VIME nos enfocamos en aportar salud en todo nuestro cuerpo no solo desde la parte más superficial, también la parte más profunda como lo son los huesos.

La actividad física constante y la toma de suplementos como lo es el calcio y el colágeno garantiza que el equilibrio entre osteoblastos y osteoclastos se mantenga, promoviendo así una estructura ósea fuerte y resistente.


L.F. Jorge Pérez 21 febrero, 2025
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