Entre el placer y el postergar

07 de abril de 2017

Los seres humanos somos fieles partidarios de todo lo que nos resulta placentero en la vida, solemos dedicar el tiempo de nuestros días a la búsqueda de diversos tipos de satisfacciones, en ocasiones incluso cruzamos los límites de lo permitido, lo ajeno y lo excesivo con tal de proporcionarnos aquellos gustos que idolatramos con gran convicción. Si escuchamos la presentación de un nuevo iphone ya queremos tenerlo en nuestras manos, si nos comentan la apertura de un nuevo restaurante añoramos saborear su comida en nuestra boca, si descubrimos un nuevo aditamento para facilitar las labores del hogar ansiamos probarlo para comprobar si nos hace más fáciles y rápidas las cosas. En cambio cuando alguien nos habla de cualquier cosa que requiera tiempo, esfuerzo dedicación, etc., de inmediato lo desechamos y volteamos nuestra atención hacia alguna otra cosa. Por ejemplo: ¿para qué dedicar el tiempo de mi día a leer un blog que habla del placer y el postergar? Seguramente me va a llevar a reflexionar sobre algo, mejor sería disfrutar la risa de los memes que me mandaron por la mañana.

¿Cuál es nuestro pleito con las cosas que requieren más tiempo y esfuerzo? ¿Por qué somos tan fanáticos de lo fácil y de lo inmediato?

¿Por qué nos resulta tan insoportable la idea de postergar una satisfacción?

Sigmund Freud solía teorizar sobre el funcionamiento de una parte Inconsciente de la mente del ser humano, el afirmaba que el inconsciente se rige por el principio del placer, según el cual esa parte de nuestra mente siempre está en búsqueda de todo lo placentero, se empeña en lograr la descarga de nuestras tensiones y no le interesa las restricciones de la realidad o el costo de llevar a cabo nuestros deseos. En cambio la parte Consciente de nuestra mente se mantiene pendiente de las reglas y los impedimentos de la realidad, se preocupa por las consecuencias de nuestras acciones y tiene la capacidad de calcular el costo o beneficio de tomar una decisión.  Si tomáramos en cuenta las ideas de Freud, podríamos pensar que nuestro gusto o afición por lo placentero proviene de la parte Inconsciente de nuestra mente, sin embargo si nos concentramos en una explicación más simple podríamos simplemente voltear la mirada a observar a los niños que nos rodean. ¿Cómo son los niños? ¿Son pacientes? ¿Comprenden que en ocasiones las cosas no van a suceder justo como ellos las quieren y en el momento que las desean? ¿Cuentan con la capacidad de tolerar la frustración y soportar la espera? Posiblemente algunos niños si cuentan con estas capacidades, sin embargo la mayoría de ellos suele manejarse de un modo poco tolerante ante todo aquello que les frustra, les genera un displacer y los mantiene a la espera. Aún los niños más tolerantes pueden llegar a hacer algún berrinche a sus padres debido a una frustración. Esto se debe a que en un sentido emocional existe una diferencia en la madurez de un niño a comparación de un adulto, y con adulto no nos referimos simplemente a alguien que ha cumplido su mayoría de edad. El niño no comprende el tiempo, esfuerzo y dedicación que requieren las cosas valiosas en la vida, pretende que su pensamiento es mágico y que basta con imaginar y desear las cosas para que estas ocurran por sí mismas, el adulto comprende que si bien uno puede trazar planes, deseos, sueños y expectativas, para que estos se concreten tiene que levantarse temprano a trabajar en ellas e ir avanzando poco a poco, hasta poder concretarlos y volverlos una realidad. En pocas palabras el adulto sabe postergar mientras que el niño no, el niño odia postergar.

Pero ¿acaso esto quiere decir que los adultos no saben tener satisfacciones? ¿Ser adulto significa siempre estar postergando y postergando las cosas? ¿Los adultos nunca se divierten y disfrutan?

En absoluto, un adulto definitivamente sabe divertirse y procurarse toda clase de placeres,  solo que también cuenta con la capacidad de esforzarse por alcanzar satisfacciones más significativas y duraderas. El adulto no ve al postergar como un enemigo del placer, sino como una consecuencia lógica del tiempo y esfuerzo requeridos para procurarse a sí mismo, y a sus seres queridos, ese bienestar. El adulto no espera magia sino que confía en su propio esfuerzo. El adulto no vela por satisfacciones inmediatas y que solo lo atañen a sí mismo, tiene la capacidad de construir cosas buenas para sí mismo y para compartir con los que le rodean. El adulto no solo disfruta la llegada a la meta sino que vive apasionadamente las dificultades e imprevistos que surgen a cada paso en el camino.

  Hay quienes piensan que las cosas que brindan mayor satisfacción en la vida precisamente son aquellas que más esfuerzo nos han requerido para alcanzarlas, si este fuera el caso, contesta las siguientes preguntas que te ayudarán a conocer más cómo te manejas tú entre el placer y el postergar:

  1. ¿A ti que te traería felicidad en la vida?
  2. ¿Estás consciente del tiempo y esfuerzo que se requiere para concretarlo?
  3. ¿Estás dispuesto a postergar y a realizar ese esfuerzo diario?
  4. ¿Tendrías la capacidad de apasionarte y disfrutar de las complicaciones e imprevistos que surjan en el camino?
  5. ¿Con quién lo compartirías cuando lo vuelvas tuyo?.
Imagen de Odoo y bloque de texto

Escrito por: Allan J. Hernández Ceron

“Allan Hernández, psicólogo y psicoterapeuta, siempre interesado en la transmisión de la importancia que tienen las emociones y los pensamientos para llevar una vida saludable, tanto dentro como fuera de uno mismo. En VIME procura conjugar este deseo con la psicoterapia.”